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Pasamos aproximadamente un tercio de la vida durmiendo y, según las estimaciones habituales, unas dos horas cada noche soñando. Sin embargo, al despertar olvidamos la mayor parte de lo que vivimos en esos sueños.

Saber qué ocurre en el cerebro cuando soñamos ha pasado de ser un tema filosófico a una cuestión de laboratorio. Los electroencefalogramas, la resonancia magnética funcional y los estudios con pacientes han permitido trazar un mapa bastante detallado de la mente dormida.

Un descubrimiento que cambió la ciencia del sueño

El hallazgo de la fase REM

En 1953, Eugene Aserinsky y Nathaniel Kleitman, investigadores estadounidenses, observaron que durante la noche los ojos de los durmientes se movían rápidamente bajo los párpados. Al despertarlos en esos momentos, la mayoría relataba sueños vívidos.

Así se describió la fase REM, siglas en inglés de movimientos oculares rápidos. Poco después, William Dement confirmó que el sueño se organiza en ciclos que se repiten varias veces cada noche.

Los ciclos del sueño

Una noche típica incluye entre 4 y 6 ciclos de unos 90 minutos cada uno. Cada ciclo alterna sueño no REM y sueño REM.

FaseProporción aproximada de la nocheActividad cerebralSueños
N1 (sueño ligero)~5 %Ondas theta, transición desde la vigiliaImágenes breves y fragmentadas
N2~45-50 %Husos de sueño y complejos KSueños cortos y más racionales
N3 (sueño profundo)~15-25 %Ondas delta lentas y ampliasPoco frecuentes y difíciles de recordar
REM~20-25 %Actividad similar a la vigiliaSueños largos, vívidos y emocionales

Los periodos REM se alargan hacia el final de la noche. Por eso los sueños más intensos suelen ocurrir en las horas previas a despertar.

El cerebro durante la fase REM

Zonas que se encienden

Los estudios de neuroimagen muestran que, durante el REM, algunas regiones trabajan incluso más que cuando estamos despiertos:

  • Amígdala: centro clave de las emociones, muy activa. Explica por qué los sueños suelen tener una carga emocional intensa, a menudo de miedo o ansiedad.
  • Hipocampo: relacionado con la memoria, participa en la mezcla de recuerdos recientes y antiguos.
  • Corteza visual de asociación: genera las imágenes del sueño sin estímulos reales de los ojos.
  • Puente troncoencefálico: inicia la fase REM y envía señales hacia el tálamo y la corteza.

Zonas que se apagan

La corteza prefrontal dorsolateral, implicada en la lógica, la planificación y la autocrítica, reduce mucho su actividad. Esa desconexión ayuda a entender por qué aceptamos sin dudar que volamos o que hablamos con alguien fallecido.

Una química diferente

Durante el REM cambia el equilibrio de neurotransmisores:

  1. La acetilcolina alcanza niveles altos, similares o superiores a los de la vigilia.
  2. La noradrenalina y la serotonina caen casi a cero.
  3. Esta combinación favorece la actividad cortical intensa con un procesamiento emocional más “desinhibido”.

La ausencia de noradrenalina podría explicar también por qué olvidamos tan rápido los sueños: este neurotransmisor ayuda a fijar recuerdos.

Ondas cerebrales en el sueño REM

En el electroencefalograma, el REM muestra ondas rápidas y de baja amplitud, muy parecidas a las de la vigilia. Por eso se le llamó también sueño paradójico, término propuesto por el investigador francés Michel Jouvet en 1959.

Además aparecen las ondas ponto-geniculo-occipitales, impulsos que nacen en el puente, pasan por el tálamo y llegan a la corteza visual. Se cree que contribuyen a generar las imágenes del sueño y a sincronizar los movimientos de los ojos.

La parálisis que nos protege

Mientras soñamos, el tronco del encéfalo bloquea la mayoría de los músculos voluntarios. Esta atonía muscular impide que representemos físicamente lo que soñamos. Solo se mantienen activos los músculos de los ojos y los respiratorios.

Cuando el sistema falla

  • Trastorno de conducta del sueño REM: la parálisis no funciona y la persona golpea, grita o se levanta siguiendo el sueño. Con frecuencia aparece años antes de enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson.
  • Parálisis del sueño: ocurre lo contrario. La persona despierta mentalmente, pero el cuerpo sigue paralizado durante segundos o minutos, a veces con alucinaciones.
Cerebro humano iluminado por actividad neuronal durante el sueño

¿Soñamos solo en la fase REM?

Durante décadas se asoció el sueño exclusivamente al REM. Hoy se sabe que también soñamos en fases no REM, aunque con experiencias más breves y menos narrativas.

En 2017, un equipo dirigido por Francesca Siclari y Giulio Tononi identificó una “zona caliente” en la parte posterior de la corteza. Cuando esa región mostraba menos ondas lentas, las personas tendían a reportar sueños, ya fuera en REM o no REM. Incluso podían predecir si un voluntario estaba soñando observando su actividad cerebral.

¿Para qué sirve soñar?

No existe una respuesta única, pero hay varias teorías respaldadas por datos.

Consolidación de la memoria

Durante el sueño, el hipocampo “reproduce” patrones de actividad vividos durante el día. Este proceso ayuda a transferir información a la corteza para almacenarla a largo plazo. Soñar con una tarea aprendida se ha asociado con un mejor rendimiento posterior.

Regulación emocional

El neurocientífico Matthew Walker ha propuesto que el REM funciona como una especie de terapia nocturna: reprocesa experiencias emocionales en un entorno químico con poca noradrenalina, lo que suaviza su impacto.

Simulación de amenazas

En 2000, el psicólogo finlandés Antti Revonsuo planteó que los sueños permiten ensayar respuestas ante peligros. Esto encajaría con la alta frecuencia de sueños de persecución o caída.

Activación y síntesis

En 1977, J. Allan Hobson y Robert McCarley sostuvieron que los sueños son el intento de la corteza de dar sentido a señales casi aleatorias procedentes del tronco encefálico. La teoría se ha matizado con los años, pero influyó mucho en la investigación.

¿Qué soñamos con más frecuencia?

Los psicólogos Calvin Hall y Robert Van de Castle analizaron miles de relatos y crearon en 1966 un sistema de codificación que aún se usa. Sus datos y estudios posteriores muestran patrones repetidos:

  • La mayoría de los sueños transcurre en lugares familiares y con personas conocidas.
  • Las emociones negativas, como miedo o preocupación, aparecen con más frecuencia que las positivas.
  • Los temas de persecución, caída, llegar tarde o rendir un examen son comunes en culturas muy distintas.
  • Las personas ciegas de nacimiento sueñan con sonidos, olores y sensaciones táctiles, sin imágenes visuales.

Sueños lúcidos: ser consciente dentro del sueño

En un sueño lúcido, la persona sabe que está soñando y a veces puede controlar la trama. En 1981, Stephen LaBerge demostró en laboratorio que algunos soñadores podían enviar señales pactadas moviendo los ojos durante la fase REM.

En estos sueños se reactiva parcialmente la corteza prefrontal, lo que los sitúa en una frontera entre el sueño y la vigilia.

Por qué olvidamos la mayoría de los sueños

Además de la falta de noradrenalina, el hipocampo parece trabajar de forma distinta durante el sueño y no guarda la experiencia como un recuerdo normal. Por eso, si no se repasa un sueño en los primeros minutos tras despertar, suele desvanecerse.

Algunas estrategias para recordarlos mejor:

  • Mantener los ojos cerrados unos segundos al despertar.
  • Anotar el sueño de inmediato, aunque sean solo palabras sueltas.
  • Despertar de forma natural, ya que las alarmas bruscas interrumpen el recuerdo.

Entonces, ¿qué ocurre en el cerebro cuando soñamos?

Cuando soñamos, sobre todo en la fase REM, el cerebro se mantiene casi tan activo como despierto. Se encienden las regiones emocionales, visuales y de la memoria, mientras la corteza prefrontal, responsable de la lógica, se mantiene poco activa.

Al mismo tiempo, el tronco encefálico paraliza los músculos y la química cerebral cambia: sube la acetilcolina y casi desaparecen la noradrenalina y la serotonina. El resultado son experiencias vívidas, emocionales e ilógicas que, según la evidencia actual, ayudan a consolidar recuerdos y procesar emociones.

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